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Una de las dificultades más comunes en el diagnóstico de la dislexia es la similitud de algunos de sus síntomas con el TDA o TDAH (Trastorno por Déficit de Atención o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Es importante aprender a diferenciarlos porque el tratamiento será completamente diferente.

Antes de centrarnos en las diferencias, vamos a describir brevemente cada uno de los trastornos, para después dar algunas pautas para el diagnóstico diferencial.

DISLEXIA

La dislexia es un trastorno de origen neurobiológico. No tiene nada que ver con la inteligencia, aunque su presencia suele afectar al rendimiento escolar. Se presenta fundamentalmente durante la etapa escolar y persiste en la edad adulta, aunque con el tiempo las dificultades pueden desaparecer gracias al desarrollo de estrategias de compensación. Se trata del trastorno de aprendizaje más frecuente, afectando a entre un 5 y un 10% de la población.

La dislexia se manifiesta en el aprendizaje de la lectoescritura, como una dificultad para descifrar lo que hay escrito. Según el CIE-10, los disléxicos manifiestan de forma característica dificultades para recitar el alfabeto, denominar letras, realizar rimas simples y para analizar o clasificar los sonidos.

La dislexia suele manifestarse con este tipo de dificultades en la lectoescritura:

–          Inversiones, por ejemplo la b por la d
–          Sustituciones, por ejemplo los helados están fríos por los pelados están críos
–          Omisiones
–          Distorsiones
–          Adicciones
–          Lentitud
–          Vacilaciones
–          Problemas de seguimiento visual
–          Déficit en la comprensión

El principal problema de la dislexia es que no es compatible con nuestro sistema educativo, pues la mayor parte de los aprendizajes se realizan a través del lenguaje escrito. El niño disléxico tiene que poner tanto esfuerzo en las tareas de lectoescritura que tiende a fatigarse, perder la concentración, distraerse y rechazar este tipo de tareas.

TDA-H

 El Trastorno por déficit de Atención con o sin Hiperactividad se define como “un trastorno del desarrollo caracterizado por niveles de falta de atención, sobreactividad e impulsividad inapropiados desde el punto de vista evolutivo. Estos síntomas se inician a menudo en la primera infancia, son de naturaleza relativamente crónica y no pueden atribuirse a alteraciones neurológicas, sensoriales, del lenguaje grave, a retraso mental o a trastornos emocionales importantes. Estas conductas se asocian normalmente a déficit en las conductas gobernadas por las reglas y a un determinado patrón de rendimiento” (Barkley, 1990).

Existen diferencias considerables entre el TDA (sin hiperactividad) y el TDAH (con hiperactividad), como podemos ver en el siguiente cuadro:

TDA (sin hiperactividad) TDAH (con hiperactividad)
Gran dispersión mental, se distraen muy fácilmente Incapacidad para permanecer quieto y concentrarse en algo
Les cuesta entender las cosas de forma clara y rápida Dificultad en acabar algo que les suponga un esfuerzo
Las tareas que implican mucha concentración les suponen tanto esfuerzo que a menudo no las terminan Habla excesivamente locuaz: no espera su turno e interrumpe a los demás
Dificultad para organizarse Es muy impaciente, le cuesta estar sentado
Se olvidan rápido de las cosas que no han entendido Acciones muy impulsivas

 

El TDA con déficit de atención y sin manifestaciones importantes de hiperactividad es el que se encuentra asociado con mayor frecuencia a la dislexia, siendo además el que pasa más desapercibido, por resultar menos disruptivo el comportamiento del niño.

DISLEXIA Y TDA-H

De entre los niños que presentan dislexia, un 33% presentan un TDA-H
De entre los niños que tienen TDA-H, entre un 8 y un 39% presentan dislexia.

Como decíamos al principio de este artículo, convivir con la dislexia en el ámbito escolar no es nada fácil. Debido al esfuerzo continuo que tienen que realizar para compensar sus dificultades, muchos de ellos desarrollan problemáticas psicológicas asociadas, como estrés y ansiedad, derivando en dificultades atencionales.

Por otro lado, muchos niños con TDA-H presentan, como característica asociada al trastorno, dificultades de aprendizaje, dentro de los cuales los referentes a la lectura ocupan un lugar destacado. Estos niños cometen con frecuencia errores de anticipación, de omisión y de sustitución de letras o palabras, coincidentes en muchos casos con algunos de los tipos más frecuentes de dislexia, la dislexia visual.

A pesar de la similitud en los errores de lectura, podemos encontrar algunas diferencias que nos van a ayudar a realizar el diagnóstico diferencial:

  • Los niños con dislexia cometen errores tanto en la prueba de lectura de textos, como en la de lectura de oraciones y palabras.
  • Los niños con TDA-H, en cambio, cometen errores en la prueba de lectura de textos, pero no fallan ni en la lectura de palabras ni en la de oraciones.

Además, la explicación causal de los errores es completamente diferente:

  • En el caso de la dislexia, los errores se producen por una dificultad en el acceso a la lectura y un uso poco eficaz de la ruta del procesamiento léxico.
  • En el TDA-H los errores se derivan de las dificultades atencionales y de la impulsividad cognitiva.

Resulta muy importante diferenciar correctamente entre ambos trastornos para elegir el tratamiento adecuado en cada caso.

TRATAMIENTO

Tanto en el abordaje de la dislexia como del TDA-H es imprescindible el apoyo emocional y social. Hay que explicarles, a los niños, familias y profesores, en qué consisten los trastornos y no juzgarlos por los resultados académicos, sino por sus esfuerzos. Se debe realizar una adaptación curricular no significativa e individualizada, normalizar el problema y prevenir los posibles y comunes casos de acoso escolar.

Tras el diagnóstico, se iniciará tratamiento con un especialista en reeducación del aprendizaje y, si fuera necesario, con un psicólogo para afrontar los aspectos emocionales implicados.

La dislexia requiere de un abordaje orientado a mejorar las habilidades fonológicas mediante técnicas de base cognitiva.

Por su parte, el TDA-H requiere de un tratamiento combinado psicológico, psicoeducativo y cuando sea necesario, farmacológico.

En ambos casos, la implicación de padres, profesores y de toda la comunidad psicoeducativa, es imprescindible para un abordaje integrado.

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